Néstor Valdivia: Literatura comprometida, lector comprometido

Ahí, por los 14 años, leía a Neruda. Aclaro, innecesariamente, que fue la etapa, creo que compartida por todos, donde el amor de pareja se muestra en su estado más puro, natural, embronario, así, éste sea no correpondido. Una y otra vez repasaba sus versos procurando memorizarlos y se los pasaba, en manuscrito o susurrados al oído, a mis enamoraditas de aquellas épocas, buscando una retribución amatoria, confiando que nunca sería descubierto en mi grosero plagio. Curioso, nunca me lo reclamaron.

Luego de algunos años en la biblioteca de alguna tía descubrí con sorpresa la poesía de Vallejo. Ahí, todo se jodió. Que las palabras bonitas no se ciñen ni a las reglas de la razón ni menos a las de la estética de la sintaxis. Es eyaculada en borobotones de la arteria herida de la desolación, del desamor, del desamparo y por qué no, incluso, de lo impuro y fatídico.

Con menos experiencias que ahora, me parecía inverosímil que alguien pudiera escribir de ese modo. Era insultante y contrastaba con mi ideal de lo que debería ser nuestro pensar. Así, me pasé muchas tardes, escudriñando, destripando sus palabras. Y lo confieso con más alegría que pesar, que recién a mis veintitantos años logré entenderlo. Es inevitable haber sufrido derrotas, perdidas, desamores para tener la capacidad sensitiva y sensorial para jactarse de ello. Sí, jactarse, porque de lo único que debería sentirse orgulloso uno mismo, no es de su trabajo o cuanto dinero ganaste o que conseguiste con ello, sino es de los libros que leíste. Porque en este mundo, mucho ya se dijo y apesar de renegar de ello, preferimos lo fácil, lo anecdótico, lo etéreo, lo corpóreo.

Saramago, otro grande de la literatura, el cual, sus libros, fueron uno de mis mejores acompañantes en mi adolescencia ermitaña, dijo alguna vez que no había ni buena ni mala literatura. Que todo logro de plasmar en una hoja de papel, un pensamiento, una idea, era loable. En este caso me doy la desfachatés de refutarlo con el ánimo abierto de ser destruido.

La buena poesia, la buena literatura, esta vedado para los menos, cierto. La buena literatura no es la que te dice qué hacer para mejorar tu vida, no es la que te enseña el camino correcto a seguir, ni la que te da los tips para conquistar tal o cual objetivo y mucho menos la que dictamina qué pensar. La buena literatura es la que te confronta con tus propios principios, con tus idelas, tu estilo de vida. No la que te manosea el espiritu es la que te exacerba el alma. La buena literatura, te cuestiona constantemente, la que te restriega en el rostro tu propia exitencia, tu pobre existencia. Te derrumba o te levanta pero jamás, jamás te complace.

No creo que debamos catalogar a la literatura como comprometida o no, sino, hacer una división entre lectores compromtidos y los que no lo son, ya que la literatura, la buena, a mi creer, más allá de ser un simple cúmulo de hojas para el entretenimiento, que tampoco es mala ni excluyente, ni tampoco obligatorio pero si necesaria. Más aún en estas épocas donde lo virtual, no confudir con imaginativo, está pecaminosamente valorado.

Para terminar, no sé si somos los que escogemos qué libros leer o son los libros los que nos eligen a nosotros. Lo cierto es que ellos nos acogotan desde dentro para parasitarnos de por vida de esa enfermedad que nunca podremos ser curados. La capacidad de ser complices de miles de historias, en miles de hojas, en miles de vidas.

lima

4 comentarios en «Néstor Valdivia: Literatura comprometida, lector comprometido»

  1. Yo descubrí a Vallejo por diez soles. Diez soles costaron mis noches de lectura y mis medallas de recitales por declamarlo. Comprometedor ensayo, Nestor. Buenas ideas. Natalie.

  2. Me gusto mucho, oye pudiera hacerte una pregunta. Soy un aficcionado a la escritura y quisiera saber si me das algunos consejos. O si quieres leer algo mio.

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